domingo 30 de noviembre de 2008
Cuando tenía spaguettis para comer, siempre me lamentaba un poco. Me gustan, y mucho, pero su mera presencia en la mesa supone pasar unos cuantos días sin disfrutar de la otra modalidad de pasta: mis adorados macarrones.
Sin embargo, en los últimos tiempos éstos parecen haber sufrido cierto desgaste. Tal vez sea debido a que mi madre los compra de colores. Eso supone que haya macarrones verdes, y eso es raro. Es raro y recuerda a la verdura, anatema para mí en lo que a cuestiones gastronómicas se refiere. El caso es que los macarrones, últimamente, no son lo que eran.
Hoy he tenido spaguettis. Tenían ante sí una oportunidad histórica: presentar su firme candidatura al trono de la pasta. Culminar una remontada que viene fraguándose desde hace meses y que supondría uno de los hechos más destacables de este anodino principio de siglo. El Sol iluminaba de soslayo el salón-comedor. Los platos permanecían llenos e insinuantes, esperando ser devorados. Como si fueran mujeres con lencería fina. Todo estaba listo para la gran cita.
Pero no ha podido ser. Mi padre estaba, en ese mismo momento, arreglando algo que ni se había estropeado, sacando a la luz su faceta de McGyver. Como buena familia, no hemos empezado a comer hasta que mi padre se ha sentado a la mesa, y los spaguettis se han enfriado. He empezado a comerlos, y más parecían una ensalada de pasta fresca que unos spaguettis. Después los he calentado, pero ya me ha cortado el rollo y, por si fuera poco, me he pasado con el tiempo. Una pena, han desaprovechado su oportunidad.
No perdáis vosotros la oportunidad de... VOTAR!
Sin embargo, en los últimos tiempos éstos parecen haber sufrido cierto desgaste. Tal vez sea debido a que mi madre los compra de colores. Eso supone que haya macarrones verdes, y eso es raro. Es raro y recuerda a la verdura, anatema para mí en lo que a cuestiones gastronómicas se refiere. El caso es que los macarrones, últimamente, no son lo que eran.
Hoy he tenido spaguettis. Tenían ante sí una oportunidad histórica: presentar su firme candidatura al trono de la pasta. Culminar una remontada que viene fraguándose desde hace meses y que supondría uno de los hechos más destacables de este anodino principio de siglo. El Sol iluminaba de soslayo el salón-comedor. Los platos permanecían llenos e insinuantes, esperando ser devorados. Como si fueran mujeres con lencería fina. Todo estaba listo para la gran cita.
Pero no ha podido ser. Mi padre estaba, en ese mismo momento, arreglando algo que ni se había estropeado, sacando a la luz su faceta de McGyver. Como buena familia, no hemos empezado a comer hasta que mi padre se ha sentado a la mesa, y los spaguettis se han enfriado. He empezado a comerlos, y más parecían una ensalada de pasta fresca que unos spaguettis. Después los he calentado, pero ya me ha cortado el rollo y, por si fuera poco, me he pasado con el tiempo. Una pena, han desaprovechado su oportunidad.
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