domingo 25 de octubre de 2009
El eterno debate futbolístico sobre si lo importante es jugar bien o ganar es absurdo y caduco. Todo el mundo prima el resultado ante cualquier otra consideración formal. La cuestión es cuál es el camino idóneo para alcanzar dicho resultado: defender bien o atacar bien. La historia está llena de equipos campeones partidarios de cada una de las dos tendencias, desde el Barcelona de Guardiola hasta la Juventus de Lippi, pasando por el Inter de Helenio Herrera, el Milan de Sacchi o Real Madrid de Di Stéfano (imagino).
En Egocrazia no podemos mantenernos al margen de esta dicotomía, así que vamos a tomar parte. Este blog se manifiesta, sin ningún tipo de duda, netamente defensivo, fanático del Catenaccio y, por ende, del fútbol italiano. Antes de nada, tenemos que reconocer que éste va a ser un post originalista más que original, pero que todo lo que aquí se escriba se hará con un convencimiento absoluto.
El Catenaccio es ante todo una opción pacifista. De no agresión. Su primera ley no escrita es la de concederle la pelota al equipo contrario. En absoluto buscar la portería ajena y hacer daño al rival. Nada que ver con ese infierno de regates, pases interiores y ocasiones de gol al que somete a sus enemigos el Pep Team desde el pitido inicial. El Catenaccio vive y deja vivir.
Más motivos para ser catenaccista: es una forma de juego generosa. Todos hemos sufrido en las pachangas del recreo a ese compañero chupón que no pasaba el balón en todo el partido. Acababa el recreo y no habías tocado bola. Eso no es jugar a fútbol. Tampoco es jugar a fútbol estar continuamente detrás de la pelota y ver cómo el equipo rival toca y toca, y ataca y juega, y tú te limitas a correr. El catenaccio, al dar la posesión del balón al equipo contrario, se sacrifica en pos del divertimento ajeno. Que sean ellos los que se diviertan y se lo pasen bien. Los que jueguen a fútbol, en definitiva.
Me gustaría también llamar la atención sobre el aspecto cristiano que presenta el Catenaccio. El Catenaccio recibe una bofetada y, no sólo pone la otra mejilla, si no que pone todas las partes del cuerpo. Una y otra vez. Es atacado sin cesar, sin decir ni mú. Se limita a despejar como chubasquero que repele el agua.
Otro aspecto que no puede ser obviado es la épica del catenaccio. Es una opción futbolística que nos recuerda a los sitios de Zaragoza, por ejemplo. Un puñado de hombres aguerridos que están dispuestos a darlo todo por defender su posición. Cualquier sitio, cualquier defensa, como la de Numancia, es más épica y emocionante que una invasión. Uno no puede si no ponerse de parte del asediado, del que pasaba por allí y sufre un ataque sin mediar palabra.
Y por último, algo a lo que ya hacía referencia al comienzo, la originalidad. Todo el mundo prefiere el fútbol ofensivo. Todos los aficionados, periodistas, comentaristas y futbolistas lo prefieren. Incluso los entrenadores... fíjense, no ha nacido el entrenador que se considere a sí mismo como entrenador defensivo. Por todo esto y porque parece algo políticamente incorrecto, me declaro total partidario de su Majestad el Catenaccio.
En Egocrazia no podemos mantenernos al margen de esta dicotomía, así que vamos a tomar parte. Este blog se manifiesta, sin ningún tipo de duda, netamente defensivo, fanático del Catenaccio y, por ende, del fútbol italiano. Antes de nada, tenemos que reconocer que éste va a ser un post originalista más que original, pero que todo lo que aquí se escriba se hará con un convencimiento absoluto.
El Catenaccio es ante todo una opción pacifista. De no agresión. Su primera ley no escrita es la de concederle la pelota al equipo contrario. En absoluto buscar la portería ajena y hacer daño al rival. Nada que ver con ese infierno de regates, pases interiores y ocasiones de gol al que somete a sus enemigos el Pep Team desde el pitido inicial. El Catenaccio vive y deja vivir.
Más motivos para ser catenaccista: es una forma de juego generosa. Todos hemos sufrido en las pachangas del recreo a ese compañero chupón que no pasaba el balón en todo el partido. Acababa el recreo y no habías tocado bola. Eso no es jugar a fútbol. Tampoco es jugar a fútbol estar continuamente detrás de la pelota y ver cómo el equipo rival toca y toca, y ataca y juega, y tú te limitas a correr. El catenaccio, al dar la posesión del balón al equipo contrario, se sacrifica en pos del divertimento ajeno. Que sean ellos los que se diviertan y se lo pasen bien. Los que jueguen a fútbol, en definitiva.
Me gustaría también llamar la atención sobre el aspecto cristiano que presenta el Catenaccio. El Catenaccio recibe una bofetada y, no sólo pone la otra mejilla, si no que pone todas las partes del cuerpo. Una y otra vez. Es atacado sin cesar, sin decir ni mú. Se limita a despejar como chubasquero que repele el agua.
Otro aspecto que no puede ser obviado es la épica del catenaccio. Es una opción futbolística que nos recuerda a los sitios de Zaragoza, por ejemplo. Un puñado de hombres aguerridos que están dispuestos a darlo todo por defender su posición. Cualquier sitio, cualquier defensa, como la de Numancia, es más épica y emocionante que una invasión. Uno no puede si no ponerse de parte del asediado, del que pasaba por allí y sufre un ataque sin mediar palabra.
Y por último, algo a lo que ya hacía referencia al comienzo, la originalidad. Todo el mundo prefiere el fútbol ofensivo. Todos los aficionados, periodistas, comentaristas y futbolistas lo prefieren. Incluso los entrenadores... fíjense, no ha nacido el entrenador que se considere a sí mismo como entrenador defensivo. Por todo esto y porque parece algo políticamente incorrecto, me declaro total partidario de su Majestad el Catenaccio.


7 comentarios:
Malditos defensores del fútbol ofensivo. Lo peor es cuando exigen a los equipos pequeños que jueguen "bien" ante los grandes; es decir, que se dejen golear.
Me aburre sobremanera el fútbol ofensivo, asediando sin cesar al guardameta contrario, monopolizando el balón y en consecuencia, el partido. Estoy harto de que nadie se percate de lo bonito que es regalarle el esférico al equipo rival con un gesto reverencial, dejándole claro aquello de "Tómalo, tuyo es, mío no..."
Cuando se den cuenta de lo maravilloso que es, quizá sea demasiado tarde.
Yo adoro las defensas fuertes, los centrales rudos, y los medios mordedores.
Ahi esta el ejemplo de Gatusso.
¿¿Y los delanteros centro como tienen q ser??... ¿Habiles regateadores? NO! Tienen que ser tanques al estilo Vieri.
Cuanto mal ha hecho Brasil y su magia... jajaja
Se me olvidaba. Quiero ser un Hooligan del Liverpool!!!!! Y todo por culpa del Informe Robinson de Torres.
Ojala el Zaragoza hubiera hecho lo que el criticado Almería de Hugo Sanches, Lord.
Ahí esta, Jorge, que es que la gente se queda en la superficie y no ve las bondades del catenaccio! debemos hacer algo antes de que no haya marcha atras, jeje
Totalmente de acuerdo Miguelo. Qué desaprovechao esta, por ejemplo, Zigic... el informe robinso se puede ver por internet?? que han dicho para que quieras ser del liverpool??
en youtube salen todos los informes robinson n varias partes.
pues no se... sera por esos uniformes, el himno, el rojo (ya q el rojo ferrari llega a su fin...), y para rematar, vi el liverpool manchester. que garra! jajajaja
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